Tras las, más que cuestionables, declaraciones de nuestro ministro de educación sobre el “rendimiento” y las becas, es habitual ver informaciones sobre la formación o el rendimiento académico de algunos de nuestros políticos.
Más allá de si es éticamente reprobable o no la publicación de los expedientes académicos de nuestros políticos, se ha abierto el debate sobre la formación y la capacitación de algunos de ellos a la hora de desempeñar sus cargos.
Para mí es incuestionable que formación y capacitación son dos conceptos íntimamente relacionados y por ejemplo, tengo claro que yo no soy capaz de soldar dos tubos o no tendría un buen rendimiento (productividad y calidad) soldando tubos porque nunca me formé para ello, nunca aprendí a hacerlo. Sin duda, me siento totalmente capaz de aprender a hacerlo.
Además, mi compromiso con la educación de mis hijos también tiene bastante que ver con esto, estoy totalmente convencido de que tenemos que garantizar que nuestros hijos lleguen a ser lo que quieran ser, ahora cuando alguien quiere algo, tiene que esforzarse para conseguirlo. Eso sí, lo que se tengan que esforzar unos y otros no debe tener nada que ver con el grosor de la cartera de sus padres, entre otras cosas porque este grosor depende de muchas cosas en las que nuestros hijos nada tienen que ver.
Si a nuestros hijos se les exige un cierto grado de formación, capacidad y habilidades para acceder a determinados puestos de trabajo, parece razonable valorar esta capacitación también a la hora de elegir a unos o a otros para que nos gobiernen.
Aunque en este sentido, la titulación, el expediente académico, la experiencia profesional, etc. nos pueden dar algunas pistas, no creo que ninguna de ellas, por sí sola y posiblemente tampoco en su conjunto, nos de las garantías suficientes, aunque mucho menos la ausencia de todas ellas.
En cualquier caso y volviendo a la formación de nuestros políticos, más de un 90% de nuestros diputados y aproximadamente un 80% de los diputados autonómicos tienen un título universitario.
Sobre el 10% o 20% restante, según el caso, podemos presuponer que tienen la capacidad y las habilidades suficientes para el correcto desempeño de su trabajo, independientemente de cómo las hayan adquirido o podemos presuponer todo lo contrario.
Pero lo que sin duda creo que deberíamos valorar es la cantidad y la calidad del trabajo que realizan o dicho de forma coloquial, todas aquellas cosas que hacen o podrían hacer en beneficio de todos nosotros.
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