miércoles, 4 de septiembre de 2013

Los debates del verano (II): El dinero y la política

Este debate surgió tras la publicación de un artículo de Diario Progresista titulado  La corrupción y el poder del dinero. Este breve artículo,  aunque plagado de un vocabulario complejo en extremo, incluía la siguiente frase de Bernard Shaw:

“El dinero es el que habla, el que imprime, el que radia, el que reina, todos tienen que acatar sus decretos y aún, por extraña paradoja, que suministrar los fondos para sus empresas y garantizar sus utilidades. Ya no se compra a la democracia: se la embauca.”

La verdad es que muchos de nosotros estamos más que cansados de ver y oír como el poder del dinero se impone una y otra vez, ya sea cuando nos hablan de “esos mercados sin cara” que ponen en jaque nuestro estado del bienestar, o cuando día a día descubrimos esos casos de corrupción que no, por habituales, han dejado de escandalizarnos.



Todo esto nos lleva a algunos a plantearnos que quizás haya que cambiar las reglas del juego, para que el dinero no se apropie de algunos de estos espacios. Aunque tal vez sea utópico, quizás:
  • Nadie debería de incrementar sus ingresos por dedicarse a la política, así podríamos estar todos seguros de que sirven a sus ideas y no a ningún otro interés opaco.
  • El paso por la política debería estar limitado y evitar de esta manera a los que viven de ella eternamente y también a los que la ocupan a perpetuidad sin pena ni gloria.
  •  Esos mercados deberían tener cara y hasta unas leyes que eviten que puedan poner en jaque a nuestro estado del bienestar.
En resumen, aunque suene utópico e incluso aunque lo sea, quizás ha llegado la hora de cambiar las reglas del juego.

En esta conversación, también abordamos la necesaria reforma de los partidos políticos, una reivindicación con un amplio apoyo social, en la que se  reclama una democracia más real, menos delegada, menos basada en elegir una vez cada 4 años a una conjunto de señores que, en principio, van a hacer unas determinadas cosas, pero tras ser elegidos y “descubrir la realidad de la situación”, hacen todo lo contrario a lo que dijeron que iban a hacer, o lo que hacen en nada se parece a lo que deberían estar haciendo.

Lo que más sorprendió fue la existencia de movimientos con estas reivindicaciones dentro de los Partidos Políticos, al menos su existencia en el PSOE. La existencia de estas plataformas, a las que yo tengo una conocida tendencia a vincularme, por un lado rompió la imagen de ejercito obediente que muchos tenemos de los partidos políticos, nada más lejos de la realidad, sobre todo de aquellos que, como el PSOE, han tenido que cambiar mucho a lo largo de sus 134 años de historia, cambios que sin esas discrepancias, seguramente no hubieran tenido lugar.

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