martes, 9 de julio de 2013

De la máquina de escribir (¡ese teclado tan raro!) al Siglo XXI: evolucionar o morir.

El fallecimiento de Douglas Engelbart, el inventor del ratón de ordenador, me lleva a pensar lo que ha evolucionado todo en los últimos años y la cantidad de utensilios, de uso común en su día, que ya no se utilizan hoy.

Muy lejos queda esa máquina de escribir tan cotizada en mi época de estudiante, aquellas Olivetti que nos permitían hacer unos trabajos con una mejor presentación que aquellos que no disponían de este utensilio.

Tan lejos que, hace tan solo unos meses, uno de mis hijos me pregunto: ¿para qué ordenador es ese teclado tan raro?

Seguramente Olivetti, la firma italiana fundada en 1908 como fábrica de máquinas de escribir, sea uno de los ejemplos más importantes de aciertos y errores a la hora de adaptarse a un sector que avanzaba a gran velocidad.


Entre los aciertos se encuentra su incorporación al mercado de los ordenadores personales, la construcción del primer ordenador personal europeo en 1982, el M20. Entre sus principales errores: sus primeros ordenadores personales sólo eran compatibles entre sí.

Al final, Olivetti pasó de ser el primer fabricante mundial de máquinas de escribir a ser un fabricante más de ordenadores personales y de software para estos ordenadores. Su adaptación a estos cambios, a pesar de los errores cometidos, es lo que le ha permitido sobrevivir hasta nuestros días.

Estos primeros ordenadores no incorporaban ese ratón con el que he empezado el artículo, ya que los primeros sistemas operativos eran a base de línea de comandos (PC-DOS, MS-DOS, Olivetti-PCOS, etc.).

La llamada Era Digital, en la que llevamos más 30 años, ha traído muchos cambios que han ocurrido a una velocidad de vértigo. Estos cambios han puesto en jaque a profesionales, organizaciones y empresas; siendo su capacidad y acierto, a la hora de adaptarse a estos cambios, lo que les ha llevado sobrevivir o no a lo largo de este tiempo.

Basta una mirada al pasado para recordar, con un cierto grado de romanticismo, muchos de esos aparatos que han sido engullidos por las innovaciones de estos últimos años (máquina de escribir, máquinas de fotos de carretes, cinta de magnetofón, el vinilo, etc.).

También tenemos muchos ejemplos distintos de buena o mala adaptación a estos cambios (Kodak, Olivetti, IBM, Apple, etc.).  En la supervivencia de estas empresas u organizaciones, ha sido clave la capacidad de adaptación al cambio de  los líderes de las mismas, porque seguir haciendo las cosas como siempre, no es una opción en un mundo en constante evolución.

El libro de papel es otro de esos objetos amenazados por tabletas y libros electrónicos,  defendido por el romanticismo del tacto del papel al pasar las páginas, por el olor de las mismas, etc.

Profesiones, como la de arquitecto o la de secretaria, también han tenido que adaptarse a estos cambios, ¿os acordáis del valor que tenía para una secretaria su formación en máquina y taquigrafía? Formación que ha perdido todo su valor con jefes que realizan una gestión mucho más moderna y eficiente gracias a las TIC. Atrás quedan esos jefes que dictaban a toda velocidad las cartas a sus secretarias para que éstas, posteriormente, las pasaran a máquina y las enviarán a través de correo interno o correo postal.

En definitiva, he utilizado una máquina de escribir, a mi hermana como secretaria para que me pasara a limpio los trabajos, he escuchado un vinilo, grabado una cinta de radiocasete, utilizado PC que nio tenían ratón, he revelado carretes de fotos y aunque la mayoría de lo que leo, lo leo en soporte digital, todavía leo algo en papel.

Eso sí, creo que la clave del éxito está en nuestra adaptación a unos cambios que suceden a demasiada velocidad, porque nos ha tocado vivir una época en la que la forma de hacer las cosas ayer, tal vez funcionó entonces.

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